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El arte de crear con las manos

El cónsul Miguel Barrio entrega un reconocimiento a Sergio Peraza en Shanghai, China. Foto: Antonio Zamora / El Sol de México

El Sol de México

14 de abril de 2011

Cindi E. Islas Miranda / El Sol de México

Ciudad de México.- Modelar el barro, tallar en piedra, madera u otros materiales es, sin duda, un arte que pocos pueden desarrollar por la sensibilidad que se requiere para poder plasmar de manera exacta la personalidad, carisma y carácter de alguien o algo.

Desde épocas antiguas, la escultura se utiliza para representar el poder, estatus, creencias religiosas, etcétera, de una persona o sociedad. La historia ha sido testigo de la evolución de este arte, el cual se ha convertido, a través del tiempo, en una disciplina universal.

En México contamos con grandes representantes y uno de ellos es Sergio Peraza, escultor mexicano que forma parte de la reconocida dinastía Peraza y que, gracias a su talento, su trabajo se puede apreciar en París, Shanghai o Rusia.

En entrevista el maestro en el arte del diseño nos habló de sus inicios y cómo poco a poco encontró su camino en el taller de su padre (Humberto Peraza), entre plastilina y bocetos de las grandes figuras de la tauromaquia, pero por consejo de sus amigos decidió levantar el vuelo y así crecer profesionalmente por sus propios méritos.

“Mi primer acercamiento al arte se dio a una edad muy temprana, en el estudio de mi padre, donde había kilos y kilos de plastilina, era el paraíso para un niño y, sin proponérmelo, al ayudar a mi padre con sus obras yo estaba aprendiendo, así conforme fui creciendo me decidí que era lo que quería hacer para mi vida”.

Al venir de una familia de artistas, sobresale el gusto por la lectura, la literatura y las bellas artes. “Eso condicionó mucho mi juventud. Sin embargo, yo mi hice escultor profesional en la UNAM y porque me separé del estudio de mi papá, corté el cordón umbilical por consejo de algunos colegas y me hizo mucho bien, de ahí me fui a Europa y me hice profesionista al vivir por mi propia cuenta y ser congruente con lo que expresaba en mi trabajo”.

Sergio estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde se enfrentó a diversos señalamientos, uno de ellos fue el tener el apellido Peraza. “Muchos pensaban que por ser hijo de uno de los grandes representantes de la escultura mexicana no tenía la necesidad de hacer una carrera, en ese tiempo me pesó un poco, pero me ayudaron las circunstancias particulares, ya que siempre he sido una persona que busca contactos fuera del entorno de mi papá, toda mi vida fui dibujante y tenía creatividad. Además, no estaba tan seguro que mi padre fuera tan famoso en esa época, eso me hizo ser muy sencillo y siempre tener los pies sobre la tierra”.

Explicó que sigue apegado en el aspecto sentimental, emotivo y familiar con su padre, que este año cumple 85 años. “Hoy necesita más ese cuidado de sus hijos, sigo acercándome a él para oír sus consejos e historias, él es un libro de escultura caminante, es parte de nuestra cultura latina y mexicana”.

De carácter emprendedor, Sergio montó su primera exposición individual en 1984. De esta forma empieza a compaginar su trabajo con la carrera.

Después de su etapa rebelde, según refiere el propio artista de su viaje a Europa, se asentó y regresó a tierra azteca para realizar algunos trabajos junto con su familia, como lo fue la escultura de Mario Moreno “Cantinflas” que elaboró con su padre, Humberto Peraza, o la exposición que montaron en 1991 titulada “Los Peraza en el Centro Cultural Juan Rulfo”.

Protagonista del panorama de la escultura mexicana contemporánea, Sergio afirma que cada obra debe expresarse por sí sola porque está hecha para el futuro. “Yo me voy a morir y no importa lo que haya dicho, es importante conocer la vida del artista, pero la escultura habla todos los idiomas porque es universal, y ese es el lenguaje que uno busca y trasciende”.

Sobre la inspiración, explica que con el paso de los años se dio cuenta que ésta se le da a cualquiera, así descubrió que el impulso a crear surge de un fuego interno que los españoles llaman “El duende”. “Es algo que emerge, una energía primitiva que tenemos y eso es lo que me mueve a crear. Ahora que estoy en una etapa madura de mi vida, invoco a mi propio duende para hacer las obras, por eso mi próxima exposición, que se presenta en septiembre en el Centro Cultural Ollín Yoliztli, se basa en este tema”.

A pesar que las esculturas forman parte del imaginario colectivo, opina que es un arte limitado debido a que hay que saber ver cada pieza. “Pienso que de todas las bellas artes visuales espaciales, la más accesible, en primer lugar, es la arquitectura porque construye el hogar; en segundo sería la escultura, pero eso no le quita que sea para las masas, porque la historia ha demostrado que aunque se han utilizado por los nazis, los egipcios o los griegos, no son apreciadas por todos”.

Como artista -explica- es maravilloso hacer este trabajo, porque si no es la masa la que reconoce una obra de arte, tarde o temprano algún grupo de personas lo hará, y eso es lo importante.

Refiere que lo más difícil ha sido dominar el material. “Al tener una idea preconcebida en el inconsciente y realizarla cuando el material no está funcionando, eso te causa una situación frustrante. El problema principal es cuando tienes un sueño y muchas veces lo que materializas no es ni tantito como te lo imaginas, pero tienes que seguir”.

Señala que hace falta una cultura para apreciar más esta disciplina, ya que es muy difícil colocar una obra o empezar un proyecto. “Cuando me hice profesional me di cuenta que era inconsciente del arte, ahora sé que es muy difícil vender una escultura o que alguien te preste atención en nuestro país para dar a conocer un proyecto que sabes será importante para una comunidad”.

Afirma que México es un nido de artistas del diseño, ya que a pesar de todas las crisis económicas y de los terrores de una sociedad por el narcotráfico, “no hay crisis de arte, fuera de aquí nos hacemos más fuertes y competimos al nivel de artistas internacionales, lo mejor de todo es que siempre quedamos en lo mejores rakings, hablando de mi profesión”.

Al preguntarle sobre las personas que admira, señaló que sus artistas favoritos son los dos Humbertos, su padre y hermano, así como su hermana. Mientras que en el plano del arte universal admira a los grandes escultores escandinavos.

Sergio Peraza, un artista en toda la extensión

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