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Virgen del Carmen “Stella Maris” El monumento de Sergio Peraza Por Dra. Patricia Garza

Virgen del Carmen “Stella Maris”

El monumento de Sergio Peraza

Por Dra. Patricia Garza de Filosofía Corporativa.

De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me caló hasta el fondo del alma fue la encantadora sonrisa de la Santísima Virgen”, estas  palabras grabadas con la pluma de Santa Teresa de Liseaux, podrían repetirse nuevamente por todas las almas que habitan y visitan Campeche.

“Qué hermosa La Reina del Cielo”, “qué bella La Esclava del Señor”, “qué admirable La Estrella del Mar”, la Madre hermosa, la Virgen María.  Y al igual que la gracia que le concediera a Teresita cinco años antes de convertirse en la florecilla del Monte Carmelo, se escuchará hablar de dones y milagros en Ciudad del Carmen, Campeche.

No es la primera vez que la Virgen del Carmen posa su mirada sobre la Isla de Términos; en 1717, Alonso Felipe de Andrade defendió sus cálidas tierras de los piratas británicos, y tras dos grandes batallas el 16 de julio ningún corsario violentaba tierras mexicanas.  Siendo día de la Virgen del Carmen, los oriundos, atribuyeron el milagro a la advocación mariana, y se le rebautizó a la Isla de Tris, como Isla del Carmen.

Otros milagros atribuidos en las mismas tierras, comprenden el descubrimiento de pozos petroleros en el año de 1969, meses después de haber paseado a la Virgen del Carmen por la bahía, razón por la cual, se le ronda anualmente, por suelo campechano; también se dice que cuando el clima es menos favorecedor y el peligro acecha, la Virgen recorre la Isla para ahuyentar las tormentas y proteger a sus fieles, siendo la Virgen de los marineros Stella Maris, o Estrella de Mar, libra del mal en la tierra, mientras protege y guía a los navegantes, – la mayor de las estrellas en el cielo-, justo como le prometió a los carmelitas, tras su huída del Monte Carmelo.

Se conmemora a la Virgen del Carmen los días 16 de julio, fecha en que, tras las súplicas de San Simón Stock,  se le apareció la Virgen un domingo 16 de julio de 1251; La Inmaculada,  portaba un escapulario en la mano y ofreciéndoselo le dijo: “Toma, hijo querido, este escapulario; será como la divisa de mi confraternidad, y para ti y todos los carmelitas, un signo especial de gracia; quienquiera que muera portándolo, no sufrirá el fuego eterno. Es la muestra de la salvación, una salvaguardia en peligros, un compromiso de paz y de concordia”. La tradición señala que, quien utilice el escapulario durante su vida, dejará el purgatorio -más tardar- el sábado siguiente a su muerte.

Muchos son los milagros atribuidos a la Virgen del Carmen, la madre hermosa que reconforta con su sonrisa, y resguarda a sus devotos en su manto; para agradecer no es suficiente una corona de oro, como la que le regalaron en 1900, no es suficiente la coronación papal otorgada por Pio XII, nada es bastante para la madre amorosa que intercede por nosotros; sin embargo, éste no es motivo para dejar de agradecer, por el contrario es señal de la necesidad de seguir gratificando una y otra vez a la valiente mujer que dio el sí, a la esclava del Señor cuya alma fuera atravesada con  un espada.

La Madre de Dios, la Rosa Mística, recibió en el año 2014, otro agradecimiento del pueblo carmelita, una escultura de bronce de 12.51 metros se alza en el mar, la “Stella Maris”, es representada divinamente como una expresión artística casi hagiógrafa del Escultor Sergio Peraza Ávila.

Es posible imaginar al marinero que llega por primera vez a la Isla del Carmen, y se abren sus ojos ante el esplendor de la sonrisa amorosa, la misma sonrisa que sorprendía a la carmelita, hoy Doctora de la Iglesia; del mismo modo se puede contemplar los rostros agradecidos y entusiasmados de los tripulantes de barcos  petroleros, camaroneros, mercantes, habitantes de Carmen y visitantes de tierras lejanas.

La escultura de la Virgen del Carmen, es una expresión artística simbólica, de la fe, la esperanza y la caridad, virtudes teologales que el escultor ha representado en su mirada, difícil tarea, casi imposible sin la intercesión de la madre hermosa, a quien Sergio ha dedicado su obra.

La inspiración del artista, procede de la poiesis griega, la iluminación divina de la musa y de la madre; así como la investigación constante y el estudio de importantes íconos artísticos.

Es posible vislumbrar en la obra, la influencia principal de tres estilos del arte mariano:

La “Madonna” de la Catedral de San Esteban en Viena, con su niño Jesús y silueta de la virgen al “estilo suave“ del arte gótico del 1400, la “Virgen de los Dolores” del escultor Mariano Benlliure, y  la “Virgen María” del escultor  Juan de Ávalos, obras cuyos volúmenes escultóricos han sido inspiración para Sergio Peraza,

Sin embargo, es preciso declarar que la escultura “Virgen del Carmen Stella Maris”, es una obra sin precedente, nueva en el arte del mundo actual, una obra originalísima resultado de la resolución plástica completamente personal del artista, escultor sensible, católico  pero sobre todo hijo.

“Stella Maris” no es una obra sólo para los católicos, es una escultura dirigida a la humanidad misma, a todos los hijos del mundo, a todos aquellos que han sentido el resguardo y la protección de una madre amorosa humana o celestial. Menciona el autor: “Es un monumento a la madre de Dios, un monumento a la maternidad, un monumento a todas las madres. En particular está dedicada a la mía a GELO.

El autor ha creado una imagen que difiere lo establecido, las proporciones corresponden más a un estilo gótico que al clasicismo académico; se trata de una obra que va más allá de la estatuaria religiosa o “imaginería”, simplifica las formas y los ornamentos en función de una obra total, concebible estéticamente como una pieza monumental.

“Stella Maris” de Sergio Peraza, es una representación nueva para la Isla del Carmen, para Campeche, para México, para el mundo; no intenta en ningún sentido suplir la belleza, los milagros o las gracias de la Virgen de la Catedral  del Santuario Carmelita, sino reforzar el amor a María, agradecer una vez más a la Madre del Crucificado todas sus bienaventuranzas.

Es una expresión de gratificación y amor del autor; una obra sin precedente en el ámbito internacional.

“Stella Maris” ganará setenta metros al mar, una obra maestra del arte y la ingeniería civil, que se instaurará como un hito cultural, religioso y turístico, como señala Sergio Peraza:

Este monumento Stella Maris, está donde antes sólo hubo mar. Ha sido un reto y una hazaña que se debe comentar.”

Es una luz en medio de una nube de tinieblas, un estímulo para todos lo que creen, o han sido amados, María en esta representación es la tierra que da fruto, la palabra que no volverá vacía; “a Cristo pertenece María, la tierra Santa de la Iglesia.” A Campeche pertenece “Stella Maris”, refugio de los marineros y los necesitados, todo aquel que vea su rostro podrá repetir las palabras de Santa Teresa:

En aquel momento, todas mis penas se disiparon. Dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y se deslizaron silenciosamente por mis mejillas, pero eran lágrimas de pura alegría… ¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy!…”

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