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Sergio Peraza Ávila: ‘No hay mañana; la función es hoy’

 
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Cortesia Tamara Medina
Cortesia Tamara Medina

Sergio Peraza Ávila es un reconocido escultor mexicano originario de una familia de escultores. Su primera exposición individual en Europa fue en París en 1997. Además de su extenso currículo, Sergio disfruta dando conferencias sobre la parte espiritual del escultor, sus retos y su trayectoria personal en el arte.

Como Business Confidence Coach me interesa compartir con mis clientes y lectores que han alcanzado el éxito sus ‘secretos’ de cómo lo lograron, qué los impulsa y motiva a seguir adelante.

¿Qué te inspira?

Me inspira la amistad, la literatura, los conciertos de música en vivo, conocer directamente otras culturas, dejar un testimonio dibujado de lo que aprendo en mis recorridos por museos del mundo. Me inspira la historia de mis predecesores, los grandes maestros de la escultura mundial, me inspira un hermoso y centenario árbol que lo mueve el viento; y de manera un tanto distinta, me inspira ver volar sobre mi cabeza un gigantesco jumbo-jet.

“Me apasiona una y otra vez, volver al material en bruto para crear una nueva escultura transformándola en idea”.

Los primeros recuerdos de mi infancia feliz los evoco dibujando y jugando con arcilla, llenándome las manos con arcilla; había mucha a mi alcance, porque cuando yo empecé a caminar, mi papá ya era un escultor reconocido con su taller en casa y con mucho trabajo. Soy el hijo más joven, -el último- del matrimonio Angelina Ávila Montoya y Humberto Peraza Ojeda. Mi mamá me inculcó siempre el gusto por la música y la lectura, crecí rodeado de libros y de todo su amor. Mi papá me mantenía ocupado poniendo a mi alcance acuarelas y papel para pintar, conforme fui creciendo también me ponía a armar aviones y barcos a escala. Luego ya me fue enseñando lo más importante de mi vida, la escultura.

Más tarde fui tomando más en serio el trabajo como su discípulo, y aunque no era yo el único en el taller, me distinguía entre todos, porque además de modelar al lado de mi papá le ayudaba dibujando esquemas con escuadras y compás, le traducía cartas de clientes en inglés, hacia asuntos de banco, tomaba cientos de fotografías y vídeos- que aún conservo con especial cariño-, y en muchas ocasiones al finalizar la semana, pagaba la nómina de los otros ayudantes y oficiales de taller.

Después de veinte años de trabajar con mi papá y de culminar mis estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, volé con mis propias alas. Me fui a Europa, conocí a otros maestros, otros talleres, trabajé duro para sobresalir en Francia como artista, para tener reconocimientos y exposiciones. También viajé a Estados Unidos para hacer varios talleres y capacitarme por cuenta propia en la vida del arte. Comencé a tener encargos profesionales y con todo ese constante movimiento, cimenté las bases de lo que hoy sigo haciendo que es vivir de mi escultura, hago lo que más me gusta.

“Mi taller es mi universo personal”.

Me gustan los retos, terminar un proyecto y ya tener encima otro, con el tiempo corriendo con esa incertidumbre de cómo se van a dar las cosas, me gustan las largas charlas con las amistades, me gusta mucho hablar por Skype con mi hija Maya, y me encanta viajar.

En la actualidad ya tengo un estilo que me caracteriza. Una forma de hacer las esculturas a mi modo. Lo que buscan mis clientes es que con mi profesionalismo y corazón, yo desarrollé una obra de arte que trascienda las modas y los siglos por venir. Para más información visita: la obra y esencia de Sergio Peraza.

¿Cómo cambian o se transforman las personas como resultado de lo que compartes con ellos?

Por mi taller han pasado muchos aprendices que trabajaron conmigo en diferentes proyectos. Yo soy muy abierto y comparto con ellos mis experiencias como profesional. A todos les he hecho trabajar a mi modo, con el rigor que a su vez me enseñó mi padre, y con rasgos de la sabiduría que me compartió mi maestro el pintor Raúl Anguiano (1915-1996).

Yo aprendo mucho de la gente con la que me relaciono, tal vez a veces piensen que soy algo inmaduro por hablarles de mis sueños audaces y perspectivas de la vida. A pesar de tantas tormentas terribles que he padecido, las he superado y he logrado realizar esos sueños, quizás eso sea parte de lo que pueda yo trasmitir, ser positivo y tener confianza en lo que hago.

Mis logros más grandes han sido remontar, volver a empezar de cero, tener amistades verdaderas…

Profesionalmente, uno de mis mayores retos ha sido salir adelante después de que me encargaron una escultura de cinco metros de altura, y que dejaron de pagarme durante el proceso, el contrato no estaba a mi favor, y por mi falta de previsión tuve que cancelar todo, viví el hundimiento de mi barco.

A partir de esta experiencia aprendí a ser…

1) Mejor líder de proyecto, y lo que vale la solidaridad del trabajo en equipo, ya que mis allegados de taller no me abandonaron.

2) Que un proyecto que no empiezas con el pie derecho corre riesgos de afectar la culminación.

3) A ser más cauto y menos impulsivo a la hora de poner las bases de un encargo de gran envergadura.

4) A asesorarme con otros profesionales que no necesariamente tienen que ser del mundo del arte.

5) Y finalmente aprendí que situaciones negativas como esa te dejan un aprendizaje sumamente positivo.

“El éxito para mí significa tener un balance entre tu semblante, tu corazón y tus ideas, y andar así por el mundo. El éxito es poseer esa calma para sostenerte en lo que crees y defender lo que amas”.

¿ Cuál es tu próximo reto?

Prepararme en cuerpo y alma para mi siguiente década. Profesionalmente hablando, crear un taller de producción artística de mayor nivel y con compromiso social. Mis proyectos sólo los conocen los que están involucrados directamente en ellos, y no los platico públicamente, por eso aquí no te puedo decir en lo que estoy metido desde hace meses. Pero espero que haya otra entrevista contigo para contarte la conclusión y las “buenas nuevas”.

Si pudieras dar un consejo de lo que has aprendido hasta este momento de tu vida, ¿cuál sería?

“No hay tiempo para esperar que alguien nos resuelva algo, nosotros estamos parados solos sobre el escenario de la vida y, no hay mañana; la función es hoy”.

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