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Busto escultórico, influencias en mi obra.

Busto Escultórico

El busto escultórico aparece en mi obra desde mis inicios profesionales.

Es una rama difícil del “árbol de la escultura” pues precisa grandes cualidades para observación, sólidos conocimientos técnicos y sensibilidad especial para captar la personalidad del modelo.

Foto del busto del poeta Efraín Huerta Guanajuato en proceso. Atrás tres retratos, Concha Urquiza, Luis Nishizawa y Mario Vargas Llosa.

Mi Influencia principal: Mi Padre

Busto Escultórico

Un modelo que retraté en escultura con mucho cariño, fue mi padre Humberto Peraza Ojeda (1925-2016).

Él me inculcó desde niño la pasión por la escultura, y me formó en este duro oficio. A él es a quien debo mi aprendizaje inicial en el retrato escultórico

Siendo yo muy joven, en el taller de mi papá, me ponía a alisar algunas superficies de sus esculturas y cuando él modelaba un retrato, poco a poco me permitía darle forma bajo su dirección. Con el paso de los años, me fui soltando y el dándome mayor libertad para conformar la cabeza. Hasta que yo ya podía hacer todo un busto y terminarlo desde cero.

Recuerdo claramente tres imágenes que han permanecido siempre en mi memoria, fotos que mi papá tenía orgullosamente colgadas en su oficina. Una foto era mi papá haciendo el retrato del torero Carlos Arruza la segunda, otro cuando hizo el retrato del presidente Luis Echeverría y la tercera la foto del monumento Cristo Rey del cerro del Cubilete, con la firma y dedicatoria hacia mi padre del escultor que la creó Fidias Elizondo.

Carlos Arruza y Humberto Peraza Ojeda. Hacienda Pastejé 1965

Desde niño admiraba las dos primeras. En esas fotos se logra ver al modelo con el escultor -mi joven papá-, el parecido del retrato escultórico es fiel pero tiene algo más y ese “algo más” es lo que siempre me hechizó, y me inspiró desde niño para querer hacer algo así.

Mi papá retratando en escultura de arcilla al entonces presidente de México Luis Echeverría, en la oficina presidencial 1972.

La foto del Cristo del Cubilete, era del “Maestro Fidias” y tardé mucho tiempo en darme cuenta de que hubo un escultor mexicano, que en realidad tuvo ese nombre de pila y fue maestro de mi papá.

Ya siendo yo adolescente, cuando trabajaba al lado de mi padre y estábamos solos en el taller, me gustaba preguntarle por sus maestros, era para mi muy satisfactorio escucharlo contarme como había sido su juventud y sus tiempos formativos en los talleres de otros escultores quienes fueron sus maestros.

El inicio formal como trabajador en un taller de escultura de mi padre fue en 1945 bajo la dirección del escultor valenciano Alfredo Just Gimeno. El Maestro Just tuvo a su cargo la enorme responsabilidad de hacer todas las esculturas monumentales que rodean la Plaza de Toros Monumental de México, y para un trabajo tan grande, requería de muchos ayudantes. Mi papá por esos tiempos soñaba con ser torero, pero le gustaba hacer figuritas con masa, y con cera, principalmente hacia toritos y toreros. Pues luego de mucha brega logró ocupar un puesto en el taller de Just. Destacó en ese taller como aprendiz, allí en meses aprendió lo que en años de universidad no se enseña, a ser parte de un equipo sin buscar una nota de calificación sino la sobrevivencia como aprendiz, día tras día superarse en el oficio, utilizar herramientas de arte y albañilería, a foguearse entre otros ayudantes que buscan tener mayor preferencia del maestro, a manejar grandes y pesados volúmenes de arcilla y metal, a dominar las formas desde una maqueta hasta un trabajo de gran dimensión. Mi papá me contaba las aventuras que tuvo en ese tiempo y sobretodo la calidad humana que el maestro Just tuvo con el joven aprendiz Peraza.

Maestro Alfredo Just Gimeno (Valencia 1898-Nogales AZ 1968)

Hasta la fecha de hoy, hay quienes a mí me dicen que mi papá fue el autor de las estatuas taurinas de la Plaza México, a lo que yo siempre pongo en primer lugar a Alfredo Just como el monumental autor. Así lo hizo en vida mi papá, siempre se expresó en favor de la verdad histórica y con el reconocimiento a su maestro. Siempre dijo que fue ayudante del maestro Just, nunca quiso que tergiversaran la historia. Estando en ese taller, mi papá decidió que el resto de su vida la dedicaría a su pasión taurina, pero haciendo esculturas. No hubo vuelta atrás y eso siempre se lo reconoció con aprecio al maestro Just.

Busto Escultórico

A inicios de la década de los de 50’s, mi padre se formó académicamente en la antigua Escuela de Arte de la UNAM, la Academia de San Carlos en la Ciudad de México.

Taller en la Academia de San Carlos 1950

Luego de la gran experiencia que tuvo en el taller de la Plaza México con Alfredo Just, y al morir mi abuelo, mi papá se dió cuenta que para ser escultor y continuar con ese oficio tenía que aprender más. Y se prometió lograrlo. La muerte repentina por un accidente fatal de mi abuelo, puso en perspectiva las prioridades del joven Humberto quien de un día para otro no tenía estudios ni dinero. Y se dió cuenta de su realidad: como aficionado a la tauromaquia no iba a conseguir vivir; él y sólo él, supo que como torero no tendría éxito, pero en su corazón latía la pasión por el taller de escultura, lo que vivió con Just lo marcó definitivamente. Pero para tener un taller primero tenía que convertirse en escultor y dejar de ser un ayudante, para eso le convenía estudiar la carrera de arte y comprometerse a aprender geometría, dibujo académico, historia del arte universal, copiar a carboncillo los yesos greco-romanos y así al paso de los años convertirse en maestro. En 1950 ingresa a la Academia de San Carlos de la capital mexicana.

Tuvo dos maestros de escultura, con quienes aprendió a hacer retrato, el neoleonés Fidias Elizondo y el duranguense Ignacio Asúnsulo. (en la foto de la izquierda, Asúnsulo con el poeta Enrique González Martínez).

Asúnsulo fue uno de los escultores mexicanos más importantes del México posrevolucionario. Antes de ser maestro de escultura en San Carlos fue alumno y aprendiz de maestros franceses por lo que su legado artístico está directamente relacionado con la escultura europea.

Ignacio Asúnsulo, escultor que retrató a la sociedad e intelectuales de su tiempo

Fidias Elizondo (1891-1979), llamado “precursor del renacimiento escultórico en México”, fue el escultor autor del famoso monumento Cristo Rey del cerro del Cubilete en Guanajuato. Elizondo viajó al viejo mundo para vivir y estudiar mientras en México eran tiempos difíciles. Vivió en Francia el inicio de la primer Guerra Mundial y fue excavador de trincheras con un sueldo que le permitía comer. A su regreso a Mexico formó las escuelas de arte al aire libre y se hizo profesor de escultura en San Carlos. Fue profesor de mi padre en la materia de Modelado de Desnudo y retrato.

Retrato de mujer, Fidias Elizondo.
Escultor Fidias Elizondo en su juventud
Esta es la primera vez que mi papá apareció en un periódico como escultor de toros. Era ayudante a sueldo del maestro Alfredo Just 1945.

Influencias artísticas: Legado de maestros.

En 1919, un joven y prometedor artista, Ignacio Asúnsulo viaja a Europa pensionado por el Gobierno de México.

En Madrid y París, aprende de los maestros Mariano Benlliure y Antoine Bourdelle respectivamente.

Benlliure, magnífico escultor español entre dos siglos XXIX y XX fue aprendiz del escultor Juan San Martín Serna. Antoine Bourdelle quien tuvo en su taller de aprendiz al mexicano Asúnsulo, fue uno de los discípulos más destacados del gran Auguste Rodin.

Mariano Benlliure izquierda y Antoine Bourdelle Derecha.

Conectando esa tradición de maestros.

Mi herencia artística.

Estos son antecedentes históricos de los maestros retratistas que me preceden y a quienes yo admiro.

En principio, mi padre es mi principal influencia, tanto de modo consiente como inconsciente, su ejemplo ha sido muy fuerte para mí. Con todo lo que de el asimilé puedo asegurar que sus maestros siguen vigentes de alguna manera en mi personalidad artística.

Por el tiempo actual que me ha correspondido vivir como profesional del arte, toda esa escuela escultórica parece cosa de un antiguo pasado.

Por esto, desde hace años estoy comprometido como continuador y sucesor de esta rama clásica de la escultura.

Si hago “retratos escultóricos”, es por una responsabilidad histórica -además de un genuino gusto personal-.

Es porque me siento fascinado por llevar la dimensión humana a una masa inerte.

Y tengo el privilegio de haber contado en mi vida con mis propios maestros que me señalaron virtudes y errores, así lo fueron los pintores Raúl Anguiano y Luis Nishizawa con quienes perfeccioné mis cualidades en el dibujo, la observación, los matices del color, las luces y sombras en el rostro humano. Maestros de quienes también asimilé la pasión por forjarme un estilo propio desarrollado en el retrato.

Gracias a todos los maestros directos e indirectos que me han precedido, su convergencia me hace ver que gracias a sus influencias ahora yo tengo ese “toque mágico” en mi escultura de retrato, y mis bustos van más allá del parecido físico y puedo sentir que sean de bronce o de barro se siente la vida y afortunadamente también ese “algo más”.

Sergio Peraza

Sergio Peraza 2010 busto del compositor Luis Demetrio.

“Es muy humano y frecuente que el aprendiz en cada una de las actividades incluyendo las artes plásticas, trate de imitar en sus principios, la técnica, modo o manera del maestro: Espera y trabaja joven amigo, confía en que llegará el día en que simple y espontáneamente se asome a tu conciencia el anhelado embrión de tus propias y emotivas expresiones- entonces mira al cielo porque sin otra guía que el estudio y la constancia, sin buscarlo, encontraste tu real y nuevo evolutivo derrotero”.

Fidias Elizondo .

Modelando la cabeza del compositor Gonzalo Curiel. Fotografiado por Rogelio Cuéllar 2002

Joselito Adame y Sergio Peraza. La historia se repite en 2024, el Matador de Toros y el escultor

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